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domingo, 14 de junio de 2015

La revolución desde el inframundo

Arlt, el cronista sin tiempo

Hoy comienza la serie de treinta episodios que adapta las dos novelas del autor de El juguete rabioso, dirigida por Fernando Spiner y Ana Piterbarg. La traslación de la prosa arltiana a guión televisivo estuvo a cargo de un equipo liderado por Ricardo Piglia. 
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/8-35313-2015-04-21.html



"(...) Pero ya que insinuamos las dos palabras que solicitan la atención del lector de este libro -política y locura- podríamos señalar el estado de la vorágine en que se hallan las ideas políticas, cuando por más contrapuestas que sean, se combinan entre sí. Y esta combinación ocurre no a través de sus enunciados literales, sino a través de equivalentes puntos de intensidad, que son transideológicos. Pero esta situación, que en Arlt se indica con las mascaradas del jeroglífico o el misterio de la autoridad, no concluye en una estrepitosa humorada sobre la insigne "ensalada rusa" entre fascismo y bolcheviquismo que postulaba el Astrólogo, sino en una no menos revulsiva idea del sueño. El choque de mundos ideológicos y políticos crea una vida de sueño"


Horacio González, Arlt. Política y locura


"Los siete locos y Los lanzallamas son textos de crisis. Plantean conflictos que no pueden resolverse sino por la violencia o el aniquilamiento. Situaciones sin salida, condenadas desde el principio. Todo lo que se haga simplemente las vuelve más intrincadas e irreversibles. Como sonámbulos (el sonambulismo es un estado que las novelas de Arlt evocan muchas veces), los personajes siguen una pista equivocada que los aleja cada vez más de aquello que, en algún momento, creyeron desear. Las suertes están jugadas de antemano y las novelas muestran lo inevitable. La angustia de Erdosain, ese sentimiento moderno que hace la modernidad de la ficción arltiana, es una cualidad objetiva. La angustia está en la naturaleza social de las cosas, un sentimiento hegemónico por el cual la subjetividad se carga con el conflicto irresoluble que ya ha sido jugado en la dimensión objetiva. En este sentido, las novelas de Arlt son «realistas»: ponen en escena las condiciones de las que nadie puede liberarse sin violencia. Arlt denuncia los límites de cualquier cambio que no sea radicalmente revolucionario, es decir, que no destruya las condiciones existentes. No importa cuál sea el sentido de ese cambio, lo que importa es que sea total. La ficción arltiana tiene un imaginario extremista, por eso abundan en ella los conspiradores, las sociedades secretas, los liderazgos carismáticos, la obediencia y la traición. Por eso la revolución resulta de una voluntad decidida, un grupo inquebrantable, una tecnología social y un mito movilizador. El Astrólogo: Sorel en el Río de la Plata."

Baetriz Sarlo, Roberto Arlt, excentrico


Los Siete Locos y Los Lanzallamas

martes, 9 de junio de 2015

¿La historia de una infamia o la infamia de la historia? Desmesuras de la política y la condición humana

El atroz redentor Lazarus Morell

LA CAUSA REMOTA

En 1517 el P. Bartolomé de las Casas tuvo mucha lástima de los indios que se extenuaban en los laboriosos infiernos de las minas de oro antillanas, y propuso al emperador Carlos V la importación de negros que se extenuaran en los laboriosos infiernos de las minas de oro antillanas. A esa curiosa variación de un filántropo debemos infinitos hechos: los blues de Handy, el éxito logrado en París por el pintor doctor oriental D. Pedro Figari, la buena prosa cimarrona del también oriental D. Vicente Rossi, el tamaño mitológico de Abraham Lincoln, los quinientos mil muertos de la Guerra de Secesión, los tres mil trescientos millones gastados en pensiones militares, la estatua del imaginario Falucho, la admisión del verbo linchar en la décimotercera edición del Diccionario de la Academia, el impetuoso film Aleluya, la fornida carga a la bayoneta llevada por Soler al frente de sus Pardos y Morenos en el Cerrito, la gracia de la señorita de Tal, el moreno que asesinó Martín Fierro, la deplorable rumba El Manisero, el napoleonismo arrestado y encalabozado de Toussaint Louverture, la cruz y la serpiente en Haití, la sangre de las cabras degolladas por el machete del papaloi, la habanera madre del tango, el candombe. Además: la culpable y magnífica existencia del atroz redentor Lazarus Morell.

sábado, 30 de mayo de 2015

Una Evita para nuestros marginales

Evita vive

1. 

Conocí a Evita en un hotel del bajo, ¡hace ya tantos años! Yo vivía, bueno, vivía, estaba con un marinero negro que me había levantado yirando por el puerto. Esa noche, recuerdo, era verano, febrero quizás, hacía mucho calor. Yo trabajaba en un bar nocturno, atendiendo la caja hasta las tres de la mañana. Pero esa noche justo me peleé, con la Lelé, ay la Lelé, una marica envidiosa que me quería sacar todos los tipos. Estábamos agarrándonos de las mechas detrás del mostrador y justo apareció el patrón: "Tres días de suspensión, por bochinchera". Qué me importaba, rapidito me volví para la pieza, abro... y me la encuentro a ella, con el negro. Claro, en el primer momento me indigné, además ya venía engranada de pelearme con la otra y casi me le tiro encima sin mirarla siquiera, pero el negro –dulcísimo– me dirigió una mirada toda sensual y me dijo algo así como: "Veníte que para vos también alcanza". Bueno, en realidad, no mentía, con el negro era yo la que abandonaba por cansancio, pero en el primer momento, qué sé yo, los celos, el hogar, la cosa que le dije: "Bueno, está bien, pero ésta ¿quién es?".